La dificultad de ser madre soltera en Marruecos

Por Javier Ruiz, responsable de proyecto en Marruecos.

En un país como Marruecos, y más aun, en una ciudad especialmente tradicional como Oujda, ser madre soltera no es nada fácil. El repudio familiar y la marginalización social de estas mujeres, añadidos a los ya posibles problemas que estas mujeres puedan tener, complican aun más sus vidas, y complica extraordinariamente el proceso de desarrollo de sus pequeños recién nacidos.

En este entorno,la asociación AinGhazal ayuda a estas mujeres prestándoles alojamiento, asesoramiento jurídico o interviene en la búsqueda de un empleo que las otorgue independencia y  autonomía. Justo por eso, el centro donde trabajan y donde residen las mujeres sufre ataques por parte de individuos  que no quieren madres solteras en el vecindario, o es criticado por los ulemas de turno, que consideran que el apoyo a estas mujeres tendrá un efecto de aumento de “libertinaje” en la ciudad.

Al conversar con el equipo de la asociación, ya percibes que Nawal, Amina o Khadra son mujeres hechas de otra pasta. Conviven en un mundo tradicional y masculino junto a sus ansias de libertad y sus discursos te trasladan a épocas pasionales de luchas por cambios sociales y batallas por derechos hoy en día tan evidentes.

La Fundación Habitafrica colabora con Ain Ghazel en el marco de nuestro programa de creación de un sistema de protección de la infancia en Marruecos, con la puesta en marcha de una guardería que libere a las madres del tiempo necesario para buscar trabajo y con la movilización de las instituciones publicas de la ciudad para que estas familias monoparentales reciban el mismo trato que cualquier familia marroquí.

Creemos que este centro está contribuyendo ya a que la vida de estas mujeres sea un poco más fácil.

 

“Si fuésemos libres y no hubiese violencia, no tendríamos que emigrar “

Aude charlando con la trabajadora social de la Fundación Oriente Occidente

Por @arafrei, desde Rabat.

A. tiene 16 años y lleva casi un año en Rabat asitiendo a las clases de peluquería que la Fundación Oriente Occidente, asociación que Habitáfrica apoya en Marruecos, por su trabajo de acogida a inmigrantes y refugiados. Llegó con su tia y con dos primas huyendo de la guerra de Costa de Marfil. Una llamada de su padre para que saliesen rápidamente del país, pocas horas y ya estaban en ruta: sin dinero, sin tener muy claro a dónde ir y con mucho miedo, sabiendo que sus padres estaban siendo perseguidos por apoyar a quien no debían….Mira para abajo y traga saliva para contar que tuvo que dejar un infierno para vivir otro. Me cuenta que su tia y sus primas se prostituyeron para poder continuar la ruta. De ella no me cuenta nada, sólo que tuvo miedo y que le gustaría saber si sus padres siguen vivos o no. Parece intuir la respuesta, pero no me la dice.  Es muy enérgica y muy lista. Se ve a la legua. Pero me impresiona precisamente por lo que calla, mientras me enumera los países que recorrió a pie, en transporte cuando conseguían dinero: Ghana, Togo, Bennin, Niger, Argelia, Marruecos…..casi me olvido que tiene 16 años.

Cuando le pregunto por sus sueños, me dice que le gustaría estudiar, que odia la peluquería. Pero no puede, porque en Marruecos, al no saber el árabe, le colocarían con niños pequeños. Es el maldito círculo de la pobreza y la exclusión.  Su tia limpia platos y sus primas trabajan como pueden gracias a pequeños arreglos de costura. Ella quiere ser abogada, pero para eso necesita terminar el bachillerato en algún lugar. “Quiero que los derechos humanos sean respetados. Si fuésemos libres y se terminase la violencia no tendríamos que emigrar”.

Habitafrica trabaja desde hace varios años apoyando el trabajo de apoyo a subaharianos  de la Fundación Oriente Occidente en Marruecos. Gracias a estos proyectos la vida de personas como A. es un poco mejor.