El acaparamiento de tierras,en un mapa

Venimos  muchos meses hablando el fenómeno del acaparamiento de tierras en África: una nueva forma de colonización que consiste en que empresas de los países ricos compren tierras en países menos ricos para producir alimentos que luego son exportados a esos mismos países, mientras que la población local tiene verdaderos problemas de nutrición.

Aquí hay culpables claros, con nombres y apellidos, además de gobiernos irresponsables. Mayor es el escándalo cuando lo que se cultivan son alimentos para los coches, los biocombustibles. 

Un escándalo, vamos. Nos impresiona que no esté en los medios de comunicación todos los días.

Os ponemos aquí un interesante mapa del acaparamiento de tierras que hemos encontrado en un del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL), sobre las guerras del agua. El artículo comienza así

“Hace años que los agricultores africanos aprendieron que es imposible regar sus tierras con lágrimas. Los campos se agostan y quedan yermos. Porque de ser posible, la mayoría, en vez de ser de secano, serían de regadío. No les faltan motivos para el llanto. Multinacionales, fondos de inversión e incluso Gobiernos extranjeros se están quedando con sus aguas a través de la compra o arrendamiento de ingentes extensiones de campos de labor” 

¿A qué dan ganas de seguir leyéndolo?

En el mapa  al que  hace mención el artículo podréis encontrar los países acaparados y los países acaparadores, las empresas que están comprando tierras etc. Llaman la atención varias cosas. Por ejemplo las casi 100 iniciativas de acaparamiento en Mozambique. O que sean USA, Malasia, China o los Emiratos los países que más compran tierras fuera.

Las mujeres que transforman Guet Ndar

Por Rocío Alonso Rocafort, técnica de sede del proyecto

Una amiga hace años en un país africano me dijo: “En África, aunque no lo creas, al final las cosas terminan saliendo”.

Qué razón tenía porque, por fin, nombrar Guet Ndar en Habitáfrica hace que se nos ilumine el rostro por la satisfacción de un trabajo bien hecho. Y es que el “Programa integral para el Desarrollo de Guet Ndar, Saint Louis” es un Convenio que ha sobrepasado sus objetivos tras 6 años de trabajo.

El Convenio ha finalizado, y con ello está a punto de salir publicada la capitalización de los logros de las actividades realizadas, pero lo queríamos acompañar de imágenes. Y qué mejor que hacerlo a través de la imagen en movimiento del barrio y de la palabra de sus protagonistas, que han sido las principales beneficiarias del proyecto. Se trata de las mujeres transformadoras de pescado que diariamente se tienen que desenvolver para comprar, salar-secar y vender el pescado para mantener familias de hasta 30 miembros.

Volver a Guet Ndar, con las mujeres en el Centro de transformación ya terminado, y además hacerlo acompañada de una experiencia novedosa como la grabación de un video-documental ha sido especial. Tuve la suerte de participar desde el inicio del video con los contactos, participé en las reuniones hasta consensuar ideas para el guión y en las discusiones durante la grabación, y finalmente apoyé en las labores traducción y postproducción. Ha sido un privilegio. Y es una satisfacción anunciar que podemos disfrutar de uno de los proyectos de Habitáfrica concluido.

Era impensable para muchos de quienes hemos pasado por el proyecto, tras reformulaciones e incluso momentos de bloqueo, poder ver lo que hoy os adelantamos.

Prefiero no desvelar más y dejaros con el video. Aquí tenéis el el documento de capitalización en español y francés.

No me cansaré de repetir esta frase: Gracias a todas las personas que han participado en el proyecto.

 

 

Año nuevo, vídeo nuevo

Las ONG debemos cambiar muchas cosas. Lo sabemos hace tiempo. Hemos trabajado de una manera, que en los tiempos actuales, no tiene sentido. ¿Es válido gastarse 4 millones de euros de dinero público, hacer tu informe sobre los resultados, entregarlo al financiador y cerrarlo? Sí, pero eso no hace que la gente conozca lo que haces, lo apoye o se incremente tu base social ,que es precisamente lo que nos distingue a las ONG de las empresas proveedoras de servicios.

Escuchar y hablar a la gente requiere un cambio de mentalidad y de trabajo.  No sólo hay que hacer proyectos técnicamente perfectos y que mejoren las condiciones de las poblaciones más vulnerables, sino que hay que contarlo bien. Esto supone saturar aún más a nuestros compañeros en África, que se las ven y desean cada día por sacar adelante el proyecto, lidiar con las exigencias burocráticas durísimas  de los financiadores, enfrentarse a los que no quieren que el proyecto salga adelante, hacer equilibrios diplomáticos con las autoridades, en fin, un sin vivir….  En 2013 hemos empezado con buen pie. Gracias a ese esfuerzo, de hormiga, de los compañeros encargados del proyecto,  se ha hecho este vídeo que intenta explicar los resultados del proyecto realizado en Saint Louis (Senegal) .

Durante casi 6 años hemos buscado el fortalecimiento de las asociaciones de mujeres comerciantes de pescado, para mejorar sus ingresos y las condiciones de higiene donde trabajaban. Llevamos trabajando con ellas desde 2006 y a pesar de todas las dificultades que hemos tenido, creemos que todo el trabajo ha valido la pena.

Porque hacemos muchas cosas, y esto todavía tiene sentido. Viendo el resumen  del vídeo que hemos elaborado creo que entenderemos todos porqué.

En breve estaremos publicando un documento más extenso con los resultados del proyecto. Sólo tienes que pedírnoslo.

Súmate a la campaña de UNHábitat para mejorar tu ciudad

“I’m a City Changer” o “Yo Mejoro Mi Ciudad” es una campaña mundial con el objetivo de sensibilizar y crear conciencia entre los ciudadanos sobre cuestiones urbanas para lograr mejores ciudades.

Promovida por ONU-Habitat, la agencia de las Naciones Unidas que se preocupa por los temas referentes a las ciudades, el movimiento integra la Campaña Urbana Mundial..

Especial interés nos merece la parte africana. Aquí tenéis el dossier sobre la campaña en África.


“I’m a City Changer” trabaja para lograr mejores ciudades y una mejor vida incentivando un desarrollo urbano sostenible adecuado a través de los principales componentes claves:

Una ciudad que supera las dificultades- Preparar a las ciudades para el cambio, la gestión de la adversidad, la resistencia y para la toma de medidas reducir el riesgo. La urbanización y el desarrollo sólo pueden ser sostenibles si se adaptan a las futuras demandas y los riesgos, y resiste a las consecuencias del cambio climático o los desastres naturales. El fortalecimiento de las capacidades de  las ciudades y las comunidades para planificar y gestionar de forma eficaz la adversidad es fundamental para la política urbana.

Una Ciudad Verde - Construir ciudades estables ecológicamente y eficientes en su emisión de carbono. Los edificios por sí solos representan el 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero, y la forma en que planificamos y diseñamos nuestras ciudades ahora tendrá importantes consecuencias en cómo serán resilientes, eficientes en la utilización de sus recursos y ecológicamente racionales en el futuro. Una ciudad verde significa promover el desarrollo sostenible a través  de un entorno construido para racionalizar la emisión de carbono.

 

Una ciudad segura y sana -  Convertir las ciudades en lugares más seguros y sanos. Las ciudades guardan las respuestas a los desafíos planteados por la urbanización, que están a su vez, indisolublemente ligadas a los temas y las agendas referentes a la economía, el cambio climático, el consumo de recursos, la seguridad alimentaria y mucho más. Las ciudades deben ser entornos habitables con el fin de capitalizar su enorme potencial como impulsores de soluciones sostenibles a los retos actuales y futuros.

Una ciudad inclusiva - Construir ciudades más inclusivas socialmente, accesibles, a favor de los más pobres, equitativas y sensibles a las cuestiones de género. El desarrollo socialmente equitativo es uno de los tres pilares de la sostenibilidad y es vital para crear un futuro urbano común y sostenible. Los desafíos planteados por el ritmo y la escala de la urbanización contemporánea nos obligan a invertir en infraestructura, desarrollo y procesos políticos que promuevan la inserción social, y una agenda a favor de los pobres y sensible a la cuestión de género. Una ciudad inclusiva promueve la equidad de derechos de la ciudad y por lo tanto permite que todos los ciudadanos participen de las ventajas urbanas.

Una ciudad planificada - Planificar las ciudades del futuro para los procesos de  toma de decisión sostenibles. La urbanización sostenible y el desarrollo requieren procesos de planificación y marcos políticos que aprovechen los activos de la ciudad y su potencial. La planificación sostenible implica incluir procesos de toma de decisiones participativos y la atención especial al desarrollo que equilibra las necesidades sociales, ambientales y económicas. De igual importancia, la planificación sostenible y una ciudad planificada son fundamentales para lograr las características de todas las otras áreas temáticas de la Campaña Urbana Mundial.

Una ciudad productiva - Convertir las ciudades en lugares más eficientes y mejores para asegurar el trabajo decente. El desarrollo económico equitativo es también uno de los tres pilares de la sostenibilidad, y un componente necesario de cualquier ciudad saludable, habitable y sostenible. La aplicación de un programa de desarrollo sostenible significa la planificación de las ciudades que promuevan y fomenten medios de subsistencia para todos los ciudadanos a través de oportunidades económicas.

¿Por qué participar? Aquí las razones

10 razones para participar! 

 

the time for City Changers.

Ser feminista en África Occidental

Fatoumata-Bintu (foto: Lidia-Ucher)

Por Lidia Ucher, responsable de la comunicación en nuestro proyecto de Seguridad Alimentaria en la Cassamance (Senegal, Guinea Bissau y Gambia)*

“A las mujeres como Bintu los hombres les tenemos miedo”. Cuando a Fatoumata Bintu Correa le dicen que así hablan de ella sus vecinos -hombres- asume convencida que en su región natal, Kolda (Senegal), las cosas ya nunca serán igual. Se señala a sí misma con la mirada, sin apenas gesticular y dice: “Aquí me veis: soltera. No soy ya una mujer con la que ningún hombre quiera casarse”. Lo asume con una humildad y entereza digna de admirar si se echa un vistazo al entorno en el que Fatou ha decidido cambiar su destino: no es una ciudad europea, ni siquiera una capital africana, sino una región rural de la Casamance, en África Occidental, con altos niveles de pobreza, desnutrición y analfabetismo que afectan muy especialmente a las mujeres.

Comprender la carga de significado que tiene declararse feminista en las regiones rurales de África se hace difícil desde una mirada occidental. El riesgo de rebelarse contra tradiciones culturales y trazar el camino de la igualdad es perderlo todo: los vínculos con su familia, su comunidad y su etnia, lo que en cualquier sociedad occidental supondría una exclusión social absoluta, sin derechos ni reconocimiento ninguno.

La lucha de Fatoumata desde la tierra que le vio nacer, lejos de ser en vano, está resultando vital para las mujeres rurales de la región de Kolda. De hecho, se toma estos comentarios sobre ella como un pequeño paso adelante. “Petit à petit” (“poco a poco”), repite. El “miedo” del que hablan los hombres es un síntoma de que algunos empiezan a reconocer que como Fatou, muchas mujeres no van a aceptar más el rol de esposa sumisa, reproductora, cuidadora y a la vez productora sin ningún derecho para decidir absolutamente nada sobre sus cuerpos, sus hijos, su trabajo y su tiempo. Se enfrenta, con todo su coraje pero consciente de los duros sacrificios que supone para ella, a un entorno complejo en el que siempre las mujeres se llevan la peor parte: la familia decide por ellas con quién casarse, no se le permite su participación en las decisiones en la comunidad y no tienen ningún derecho sobre la tierra que trabajan.

Matida Daffeh, residente en la comunidad rural de Kerewan y originaria de Bulock, habla en los mismos términos que Fatou -”petit à petit”-, pero en inglés: “ Slowly but gradually“. “Poco a poco”. Fatou y Matida se entienden entre ellas en la lengua wolof, pero hablan cada una de ellas otros cuatro idiomas. Las dos comparten la misma visión sobre cómo dar pasos hacia la igualdad pero cada una con su estilo. En el caso de Fatou, como una joven de Kolda más que desde su casa y su entorno familiar ha ido cambiando las cosas: ha conseguido salir a estudiar a Dakar para volver a la casa familiar y dar ejemplo de que se pueden lograr pequeños cambios con persistencia y sin perder el vínculo familiar y social. “Cuando mis propios hermanos no querían las tareas reservadas a las mujeres, como hacer la comida o sacar agua del pozo, les preguntaba: ¿lavas la ropa con el sexo o con las manos?”. En casa de Fatou, ahora se puede ver a los hombres lavar la ropa o hacer la comida.

Las tareas domésticas y el cuidado familiar se torna muy complejo en las comunidades rurales en Senegal, Gambia o Guinea Bissau: lo más esencial, como el agua potable, los campos de arroz -cultivo básico de la Casamance- el centro de salud o la escuela… siempre están a horas caminando de casa, todos los días.

En algunas comunidades rurales de Senegal como Ouassadou y Kéréwane, por ejemplo, las mujeres se hacen cargo del cuidado de un promedio de 14 personas, según una encuesta del convenio ATO-SAGE. La media nacional en Senegal es de 10 personas por familia. En el norte de Gambia hay familias de hasta 30 miembros, con una media de 15 ó 20 personas conviviendo en la misma casa familiar. Esto es así, en parte, porque existe la poligamia: la familia se “amplía” pero se comparte la vivienda. “Tener varias mujeres es mejor para ellas, porque para una sola es mucho trabajo y así pueden repartirse las tareas”, responden los hombres del pueblo de Salikene cuando se les pregunta por los motivos de la poligamia.

“Cuando te casas, declaras si tu matrimonio es monógamo o polígamo. En general, la poligamia la deciden las familias, quienes arreglan el matrimonio, pero cada vez hay más mujeres que ponen como condición que sea monógamo y menos parejas que se casan bajo el sistema poligámico”, dice Daniela Fonkatz, que trabaja con las mujeres rurales en las comunidades de la Casamance. Y añade otras cuestiones que cuentan: “La posición social de las mujeres en una familia -el número de esposas que son, si la primera o la segunda…- determina si tienes más o menos cargas domésticas, o incluso te libera de tener relaciones sexuales con tu marido. La negativa a mantenerlas no puede venir nunca de ellas. Pero una nueva esposa en la familia puede suponer menos dinero para sus gastos, porque el marido polígamo debe ser capaz de mantener económicamente a todas las mujeres con las que se casa”.

Matida reconoce sentirse profundamente afectada por los valores culturales de su comunidad. Habla rápido, de manera contundente y tan firme como sus convicciones: “Las mujeres tenemos derechos, y respetando mi cultura, hay cosas que ni siquiera están en ningún texto religioso, como el matrimonio forzoso, y cosas que no puedo más que repudiar, como la mutilación genital femenina.” Matida se emociona. Acaba de ser madre y recuerda su temor a que si daba a luz una niña, su familia le practicara la ablación, que ella misma sufrió de pequeña. Nació un niño. Pero la práctica sigue existiendo.

Las mujeres rurales dedican muchas horas de su apretada agenda diaria al campo. Concretamente, un promedio de 6,3 horas al día en Senegal, y 12 horas en Guinea Bissau. “Dime de qué sexo eres y te diré lo que cultivas”, puede decirse . Ellas quedan relegadas a lo que se come en casa. Serán los hombres los que se ocupen del maíz, mijo y algodón: la producción rentable cuyo excedente suele dedicarse a la venta. Tampoco tienen derecho a ser propietarias de la tierra. En Gambia, por ejemplo, sólo poseen el 8% de las tierras. Menos tierras, las de peor calidad y las más alejadas. Y están excluidas de los espacios en los que se toman las decisiones, también en el campo. Por si fuera poco, han llegado a algunas de estas comunidades empresas que acaparan tierras… ¿Qué tierras? Las que cultivan las mujeres, no sólo expulsándolas de las tierras arroceras, perdiendo su actividad productiva, sino despojándolas de su rol de proveedoras de alimentos, perdiendo su posición social y su prestigio en su comunidad.

Matida y Fatou trabajan ahora en las asociaciones ADWAC y FODDE, de Gambia y Senegal respectivamente, como responsables de que los derechos de las mujeres y el enfoque de igualdad esté presente en todas las actuaciones que llevan a cabo en las comunidades rurales de estas regiones transfronterizas. Queda mucho por hacer pero son conscientes que están cambiando mentalidades. Sobre todo las de los hombres. “En un taller que celebramos en Dijagoubou sobre la división sexual del trabajo algunos hombres se sintieron incómodos, pero fueron asumiendo la realidad y ahora son un modelo para la comunidad, y esto es muy importante para nosotras”, cuenta Fatou.

Matida torna serio su semblante, siempre alegre y sonriente, cuando habla de su recién nacido hijo, Aliu: “Mi marido ya tenía decidido su nombre, que por tradición lo elige su familia y la opinión de la mujer nunca cuenta. Pero es también mi hijo, no quise aceptar esta norma y me negué a que su nombre fuera el que la familia decidiera, conseguí hacerles entender que la madre tiene ese derecho”. Matida siente que ser un modelo de superación y aprendizaje, sobre todo para los más jóvenes, y lograr cambiar mentalidades, a base de sensibilidad, educación y comprensión “es una de las mejores cosas que me pueden pasar en la vida”. Coraje es la palabra que más repiten Matida y Fatou, coraje con en el que cada día despiertan las conciencias en la Casamance.

*Se trata de un reportaje que hemos publicado en diciembre en eldiario.es, pero nos ha parecido reproducirlo aquí por si te lo perdiste.