#Noentran

Por Arantxa Freire, responsable de Comunicación en Habitafrica.

El mundo es cada vez más dada a los eufemismos. Esconde lo que no nos gusta, aleja los problemas bajo cortinas de humo. Las empresas explotan a niños, pero lejos de nuestros ojos, los políticos se corrompen en lugares oscuros. Las fronteras, como los puertos, siempre han sido territorios salvajes, llenos de oportunidades, y también de peligros. Europa, para no ser menos, ha decidido extender sus fronteras fuera de Europa, para que no veamos lo que se hacen ellas. Desde hace años, pero este último con más fuerza, vemos como los inmigrantes subsaharianos se ven hostigados en los países del Norte de África, donde las autoridades hacen cosas con ellos que nosotros no permitiríamos en nuestras tierras.

Mañana celebramos el dudoso honor del Día del Refugiado, porque sigue siendo una infamia, como cuenta cuenta CEAR en su página web, que a día de hoy haya todavía 43,7 millones de personas en situación de desplazamiento forzado en el mundo.

Según la Convención de Ginebra sobre el estatuto de los refugiados, las personas refugiadas son aquellas que han tenido que huir de sus países por haber sufrido persecución, o tener temor fundado de ser perseguidas, por sus opiniones políticas, su nacionalidad, su religión, su etnia o su pertenencia a un grupo social determinado.

La comunidad internacional tiene la obligación y la responsabilidad de proteger a las personas refugiadas, acogiéndolas en su sociedad y garantizándoles una vida digna. Sin embargo, son los países empobrecidos o en vías de desarrollo quiénes acogen al 90% de las personas refugiadas y desplazadas forzadas.  Nosotros preferimos impedir que lleguen a nuestros aeropuertos o a nuestras costas mediante acuerdos secretos de condicionalid de la ayuda por control migratorio o el reforzamiento de la Agencia Europea de Fronteras Exteriores (FRONTEX), con patrullajes en las mismas costas africanas. Estos dispositivos nos protegen del “otro”.

Algún día pagaremos tanta infamia. O nos pagarán con la misma moneda.

 

 

Los rehenes de Melilla

Sara Prestianni da testimonio sobre la precaria situación de los subsaharianos en Melilla

Por Ana Lirola (técnica de Habitafrica en Marruecos)

El otro día, a través de la red MigraEurop, recibimos este documento gráfico de la infamia: Las fotos de “rehenes” de Melilla, un reportaje sobre la vida de la ciudad autónoma, 7 años después de los ” acontecimientos de Ceuta y Melilla “, cuando cientos de subsaharianos intentaron saltar la valla que separa África de Ceuta y Melilla.

La galería, realizada por la fotógrafa Sara Prestianni, nos muestra las precarias condiciones en las que viven estos inmigrantes, a la espera de ser expulsados o de dar el “gran salto” a Europa. No vienen en busca de sanidad, no vienen a robar, no quieren quitarnos las escuelas o las guarderías, sólo quieren una vida más digna que les aleje de la guerra, la pobreza o la explotación de recursos que la propia Europa realiza en sus países.

Como explica MigraEurop “las llegadas no disminuyen, ahora se hacen por el mar más que por la valla, y las condiciones de vida de los emigrantes han empeorado a causa de la prolongación del mantenimiento forzoso en este enclave. Acampados y encerrados a cielo abierto, muchos hacen malabarismos entre la muerte en las fronteras, las tentativas de salida, la esperanza y la espera de centenas de migrantes. Son rehenes de las políticas europeas que “encerrándoles” en Melilla, creen que hacen  política de disuasión, destruyendo vidas, dejándolas en el limbo de la espera”.

Resulta preocupante para nosotros el endurecimiento, los acosos y la violencia que están sufriendo estos colectivos en los últimos meses, que venimos observando desde Mauritania, Marruecos,o el propio territorio español. Para mostraros un ejemplo, aquí os dejamos un magnífico reportaje de Periodismo Humano sobre la situación de los congoleños, que se esconden para no ser deportados a un país donde se vulneran sistemáticamente los derechos humanos. ¿Deberían ser deportado cualquier persona para ser encerrada en una cárcel donde la gente está muriendo de inanición?

No podemos mirar para otro lado.