¿Y si en vez de ayudar a pescar estamos quitándoles el pescado?


En cooperación internacional se nos explicaba hacía unos años que no hay que dar el pescado, sino enseñar a pescar. Los pescadores africanos llevan siglos pescando, así que ahí no tenemos mucho que hacer ¿Y si lo que quieren los africanos no es que les echemos una mano, sino que se la quitemos de encima?

La sobrepesca es una de las principales amenazas de los océanos. Según Greenpeace, en la actualidad, la Unión Europea (UE) captura entre dos y tres veces más del límite sostenible. A pesar de los esfuerzos para reducir el tamaño de la flota y disminuir la presión sobre los caladeros, la UE ha aumentado la capacidad en muchas de sus pesquerías entre un 2% y un 4% por año.

Hoy, las flotas europeas tienen un alcance global y operan en aguas de algunos de los países más pobres del mundo (incluidos los de África occidental) donde amenazan la subsistencia de los pescadores y sus comunidades, que dependen del pescado como principal fuente de alimento.

Habitáfrica participó el pasado mes de mayo en un encuentro con pescadores africanos que vinieron a denunciar esta situación y a pedirnos que los españoles dejemos de quitarles el pescado. Abdou Karim Sall de Senegal, Ahmadou Ould Beyih de Mauritania viven cada día los efectos de la sobrepesca y las grandes flotas europeas, contra las que no pueden competir. Han sido testigos de la disminución de sus capturas y de la destrucción de sus ecosistemas marinos.

Abdou ha sido pescador durante años en Senegal y cree que hay una relación directa entre la migración de sus paisanos hacia España y la destrucción de sus ecosistemas: ”En senegal la pesca es una de las principales fuentes de trabajo, si nos dejan sin pescado, tendremos que hacerles estas visitas incómodas a sus países”, comenta con ironía. En el sector pesquero existe una cadena de recursos que desaparece cuando no se consigue pescado: no sólo sufren los pescadores, sino las mujeres que lo secan y lo venden o las propias familias que no tienen que comer. Muchos pescadores además piden créditos a los bancos para comprar aparejos que son destruidos por la noche por los grandes barcos extranjeros, dejándolos sin recursos y con una deuda en el banco que sólo pueden pagar emigrando.

La pregunta ante esta situación es porqué los gobiernos africanos siguen firmando acuerdos pesqueros con los países ricos. “Somos países pobres y necesitamos esos acuerdos, el problema es que el dinero que el gobierno se lleva por ellos nunca llega a los más pobres”, explica Ahmadou, de Mauritania, el más veterano de los dos.

Ambos denuncian la falta de transparencia de los acuerdos y la inequidad de fuerzas con la que se realizan los acuerdos: “Los pescadores artesanales ni siquiera participamos en estas negociaciones entre países”.

Por ello, piden a la Unión Europea una reforma de la Política Pesquera Común que implique un cambio en la gestión pesquera y un compromiso con la sostenibilidad que no condene a sus comunidades al hambre y al abandono de su método de vida tradicional o sus lugares de origen.