Mantener la utopía de un mundo más justo

Por Ruth Kñallinsky, voluntaria de Habitafrica

“El mundo produce lo suficiente para abastecer a todos, pero no a su codicia” Mahatma Ghandi, 1907

Estamos en recesión como  nunca antes. Pero no es solamente económica, ni muchísimo menos “supra económica”. Estamos yendo para atrás, y como nunca antes, en lo social, en lo ético, en los valores que durante tantísimos años se han conseguido a base de lucha. La excusa de frases como “no hay dinero”, “deuda externa , “prima de riesgo”, “rescate”, nos llevan a la parálisis del miedo, a la aceptación mansa. Es una falacia y que no es la primera vez que se utiliza  pero no por repetida es menos eficaz. La imponen quienes mueven los hilos del nuevo orden global: mercados, gobiernos cómplices, organismos internacionales, gobiernos sometidos.

Primera falacia: dinero sí que hay, lo que falta es la voluntad política para distribuirlo con justicia.

Si se aplicara la Tasa Tobin y lo recaudado fuera para aliviar la pobreza, significaría el 1% del PIB mundial (hoy se lucha por el 0,7% sin éxito y el gobierno acaba de reducirnos a 0.2% ). Si se rescatara el dinero ingresado en Paraísos fiscales, ahí hay otro 1%. Si se redujera en un 5% el presupuesto militar mundial (¡sólo eso!), según la ONU en 1986, se aumentaría en un 4%.

Segunda falacia: los recursos van a determinadas manos.

Cuando la banca peligra, inmediatamente se cubren las necesidades, sin investigar y mucho menos castigar a quienes la hicieron caer. La diferencia entre ricos y pobres en el mundo ha crecido: entre el 20% más rico y el 20% más pobre, pasó de un 30% a un 85%. La devolución de deudas externas (muchas veces ilegítimas), capital e intereses, de países empobrecidos a países desarrollados es 6 veces más alta que la ayuda al desarrollo de todos los organismos internacionales. Cuando la FAO solicita la creación de un fondo de inversión mundial de 50.000 millones de dólares para disminuir el hambre, es rechazada.

Hoy Día Mundial contra la Pobreza, ong como Habitafrcia seguimos trabajando por este gran reto: mantener la utopía de un mundo más justo.

No podemos ni debemos caer en la trampa. Sólo el internacionalismo democrático y solidario conllevará la salvación de cualquier pueblo y todos los pueblos. El egoísmo de mirar por lo mío, sólo trae la división y la pérdida de derechos e igualdad: de esta realidad, o salimos todos o no sale nadie. Hay que regresar a la coherencia entre el discurso y los hechos, volver a creernos que, como dice el PNUD, un desarrollo humano es tal cuando cubre las necesidades básicas, el desarrollo de las capacidades y la participación en la vida social. Sólo entonces se puede elegir, y sólo entonces se vive con dignidad.

No permitamos que esta brutal pérdida de conquistas, de derechos, de bienestar conseguido, nos arrebate también el pensamiento global y la solidaridad.

¡Rebélate contra la Pobreza este 17 de octubre!

Mira el mapa de movilizaciones y elije donde participar

http://www.rebelatecontralapobreza.org/

La cara y la cruz del “milagro” africano

Cuando caminas por ciertas calles de Luanda, Accra o Maputo, no es difícil toparse con comodidades propias de los países más adelantados. El espejismo, sin embargo, dura poco. A pocos minutos de esas zonas, inmensas barriadas de chabolas muestran la realidad de la mayoría de la población. La riqueza existe, pero sólo para unos pocos.

La cifra media de crecimiento económico anual en África asciende a un 6,5%; un dato que, en un contexto de recesión mundial, sitúa al continente en un puesto privilegiado. Tales cifras, sin embargo, no dejan ver el bosque en un continente donde más del 40% de menores de cinco años sufre desnutrición. Los últimos informes que analizan el desarrollo del continente dejan atrás el pesimismo de las últimas décadas pero ponen el dedo en la llaga al denunciar que, a pesar del crecimiento, el gran reto del continente es que esa riqueza se reparta.

Los gobiernos deben convertir las ganancias en oportunidades para toda la población; se trata, como tanto se repite últimamente en nuestras calles, de socializar los beneficios y no las pérdidas. Es el momento de la justicia distributiva. Este sistema ha demostrado que no puede sostenerse y que debemos optar por modelos alternativos que garanticen los derechos humanos de las personas y el respeto a la naturaleza en cualquier lugar del planeta. El crecimiento ilimitado no es viable.

Por otra parte, en un mundo absolutamente interconectado como el actual, deberíamos preguntarnos cuáles son las causas que hacen que la hambruna aceche a casi 20 millones de personas en África –casi la mitad de la población española, por cierto. Por supuesto, la sequía en la zona y diversos y complejos conflictos contribuyen a la gravedad de la situación; pero no debemos olvidar otros factores que, sin duda, son determinantes. Empresas europeas y asiáticas están esquilmando los bancos de pesca africanos; la explotación de recursos naturales como el oro, los diamantes, el petróleo o el coltán generan enormes impactos en el medio ambiente y, en muchos casos, graves  conflictos en la zona. Capitales extranjeros han comprado casi 50 millones de hectáreas de tierras –el equivalente a la mitad de las tierras agrícolas de los 27 países de la UE- para producir alimentos que se envían a otras zonas del planeta o incluso para producir agrocombustibles para los coches europeos.

Las responsabilidades globales son ineludibles. No podemos mirar hacia otro lado. La enorme reducción de fondos para la cooperación que ha realizado el gobierno español tiene graves consecuencias sobre millones de personas, como también lo tienen las políticas comerciales que imponen reglas profundamente injustas para África. Durante décadas, las políticas económicas y comerciales promovidas por los organismos internacionales han tenido consecuencias negativas sobre la calidad de vida de las personas africanas. Además de “echarles una mano” deberíamos quitársela de encima. Las políticas públicas de cooperación  -que no son una dádiva en tiempos de bonanza económica, si no un imperativo ético y político que deber ser cumplido- han de ir acompañadas de otro tipo de políticas que las complementen.

Hace ya mucho tiempo que se demostró que el crecimiento económico per se no deriva necesariamente en el desarrollo de las personas. Sin políticas que distribuyan la riqueza y garanticen servicios públicos, ni siquiera un índice de crecimiento del 6,5% acabará con la pobreza de la mayoría de la población; más bien todo lo contrario: aumentará las desigualdades entre mujeres y hombres, entre unos grupos sociales y otros.

Afortunadamente, África vive un momento de esperanza de la mano de sus ciudadanos y ciudadanas. La Primavera Árabe en el norte del continente, movimientos sociales como los vividos en Nigeria, Malawi o Senegal demuestran que los pueblos africanos cuentan con alternativas y propuestas sociales muy exitosas a favor del desarrollo de las personas. Propuestas que forman parte de la historia y la idiosincrasia africana y que actualmente se unen, en una red mundial interconectada, a las que en miles de rincones del mundo demandan políticas distributivas que garanticen la justicia social. Ese sí, es un gran milagro.

Este artículo ha sido elaborado por Habitáfrica y la Coordinaadora de ONGD con motivo del Día de África 2012

Sus derechos, nuestra obligación

El 15% de la población mundial disfruta del 85% de los recursos en un planeta mal repartido. No podemos hablar de “países pobres” sino de “países empobrecidos”
a raíz de la larga historia de injusticia. Reiteradas veces la comunidad de países desarrollados acordaron y se comprometieron a reducir las diferencias aportando parte de su ingreso interior bruto en concepto de lo que llamamos “Cooperación al Desarrollo”.

En épocas de bonanza no hay obstáculos para el pensamiento solidario, y estamos  dispuestos a repartir lo que sobra. Es, sin embargo, en los momentos difíciles cuando realmente es imprescindible trabajar por un mundo más justo, especialmente cuando vemos que quienes soportan más el peso de la crisis son realmente los que no han hecho nada para causarla.

Estamos siendo espectadores de la gravísima emergencia alimentaria en el Cuerno de África on una comunidad internacional irando para otro lado. Sólo una acción comprometida con un mundo más equitativo odrá lograr que el derecho a abitar en el lugar de origen sea una realidad. Poque son sus derechos y es nestra obligación.