De ruta con la unidad de atención a la infancia en Marruecos

Jóvenes a los que atiende la unidad de antención de la infancia en Agadir

Por Beatriz de la Calle, técnica de proyectos de Habitafrica en Marruecos

Este mes he vivido en Marruecos experiencias que no hubiera imaginado. Habitafrica está ejecutando  un Convenio de protección de la Infancia en este país y entre sus componentes está  el trabajo con las asociaciones. Ahí entra en primera línea de juego ANIR una de las organizaciones marroquíes trabaja directamente con niños de la calle y  en mediación familiar al sur del país; en Agadir.

Uno de los objetivos del proyecto además es  la puesta en marcha de un circuito de intervención bien estructurado y accesible para la protección de la Infancia que abarque  a todos los actores que actúan de una forma coordinada cuando se da una situación de abuso o violencia a un menor. Un amplio elenco que va desde el juez de menores, asociaciones,  personal sanitario , policía, todos aquellos que pueden detectar casos de abuso contra los niños.

Entre los aspectos más novedosos del proyecto es la mediación familiar para lograr que los niños que han abandonado su hogar y ahora están en la calle puedan reintegrarse en su entorno familiar. Un reto sin duda complejo ya que las causas del abandono o “huída” suelen ser muy diversas. También se aborda el tema del abandono escolar intentando, siempre que se pueda , reinsertar al niño  en el sistema educativo formal, mediando  con la familia y desgranando las causas que han llevado al niño a dejar la escuela.

ANIR  acompaña a los niños  de la calle a través de una Unidad Móvil. El otro día tuve la fortuna de hacer  una salida con ellos.   Desafortunadamente, pude comprobar “in situ” las condiciones en las que viven las familias de niños de la calle y que  podrían ser calificadas  como  “infrahumanas”.  Curiosamente, Agadir es una  ciudad turística de renombre internacional,  conocida  como el “Marbellla” de Marruecos, y ahí mismo nos encontramos con un  contraste brutal, desgarrador e inesperado. Las casas que visitamos, o más bien los habitáculos en el que viven estas familias son espacios sin ventanas, de cemento, sin ningún mueble salvo la  eterna televisión que tanto les  hace soñar con una vida en Europa….. Por supuesto todo en un estado deplorable.

Una de las visitas que más sobrecogida me dejó fue el caso de Yucef. Resulta que este niño  es uno de los alumnos más aventajados de su colegio pero su familia andaba bastante preocupada porque había dejado de asistir a clases y había cambiado su indumentaria. Ahora vestía largas djellabas y acudía mucho a la mezquita. Alarmada, la familia, acudió a Mimiz, el educador social de la Unidad Movil , persona muy querida  en el barrios porque lleva colaborando años en numerosas asociaciones. Mimiz logró hablar con Yucef quien terminó por reconocer que los salafistas estaban interesados en él y le había invitado en varias ocasiones a la mezquita. El caso de Yucef no es un caso aislado; la mitad del barrio está gestionado por los salafistas. Finalmente se comprometió a volver a la escuela y cerró el trato con un apretón de manos y un abrazo a Mimiz.

Pero a veces hay historias bonitas. Como la de los dos hermanos Ahmed y Ismael de unos 8 ó 10 años que vimos cenando al lado del Mc Donalds. Nos aseguraron que estaban tomando su medicación para la tuberculosis . Les vi alejarse cogidos de la mano, medio abrazados,  compartiendo su hamburguesa, cuidando el uno del otro, protegiéndose en su medio que es la calle.  Y pensé que nuestro trabajo, aunque pequeño, podía servir de algo.

Esa noche me costó conciliar el sueño, pero al mismo tiempo estaba admirada del trabajo que hacen los educadores de la Unidad Móvil. He querido escribir este texto para que su trabajo, humilde, duro y poco conocido, reciba también vuestra admiración.